Parece que por fin hemos entendido qué son los celos y afortunadamente la concienciación está en auge, pero todavía abundan los casos en que los adolescentes crecen creyendo que es un signo positivo en sus relaciones y eso no es cierto.

Los celos son la máxima expresión del miedo, tanto en hombres como en mujeres, a ser abandonados, a perder a la persona amada. Qué romántico, ¿no? Pues nada de eso, los celos no son amor, y pueden desencadenar en agresividad, rabia o humillaciones si la persona que los padece no sabe canalizar ese sentimiento y carece de respeto por su pareja.

Si bien debemos diferenciar los celos moderados de los celos exagerados, los primeros se consideran una respuesta emocional normal, sin embargo los segundos son descontrolados y patológicos. Los celos moderados van desde esa sensación de incomodidad cuando vemos a nuestra pareja en una situación que puede interpretarse de “peligro” para la relación pero somos capaces de ignorar esa molestia. Los celos descontrolados ya hacen que convirtamos esa incomodidad (que se vuelve constante y la sentimos aunque no se propicie situación alguna, simplemente con suposiciones generadas por repetidos pensamientos de inseguridad) en una manifestación inadecuada, a veces verbal y otras con actos que generan situaciones tensas entre ambos y hasta reiteradas discusiones y peleas.

“En los celos hay más amor propio que amor”
François de la Rochefoucauld

En la mayoría de casos, los hombres se alarman más pensando que su pareja tiene relaciones sexuales con otro (u otros) y nosotras, las mujeres, por norma general sufrimos más imaginando infidelidades emocionales y no sexuales.

Debemos evitar los pensamientos negativos y aprender a diferenciar entre lo que imaginamos de lo que realmente ocurre y evitaremos las preguntas controladoras, las amenazas, espiar su móvil, etc., actitudes que no deberían ser parte de una relación sana y feliz.

Si alguna vez hemos sido traicionadas, o realmente alguien en quien confiábamos nos ha traicionado, nos puede hacer desarrollar celos en una futura relación aunque no tengamos motivos. Incluso una experiencia previa, ya sea de algún familiar, alguna amiga, de relaciones anteriores, o simplemente que nuestros padres nos lo hayan inculcado sin saberlo con su comportamiento puede ser el desencadenante.

Además, la baja autoestima suele ser el pilar fundamental en los casos de celos: “Se irá con otra porque estoy demasiado gorda, esa tiene más tetas que yo y le gusta más, su vecina es más guapa que yo y seguro que me deja por ella…”

Cuando los celos son excesivos, demasiado frecuentes, se vuelven muy intensos o surgen sin motivo alguno, podemos hablar de celos patológicos. Ambos miembros de la pareja sufren, aparecen conflictos graves entre ellos, y la relación se deteriora. Si se llega a un punto de no retorno, lo más recomendable es acudir a un terapeuta de parejas antes de que la situación, y la relación, se nos vaya de las manos.

Ahora contadme amigas/os: ¿habéis tenido experiencias relacionadas con los celos ajenos o propios?

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